Casi todo el mundo dice que usa hilo dental. Cuando se mira de verdad la técnica, casi nadie lo está usando de forma eficaz.
El error más común
Meter el hilo de golpe y sacarlo. Eso corta la encía y no limpia nada. El hilo tiene que bajar despacio, con un movimiento de sierra suave para pasar el punto de contacto.
Y una vez abajo, no se queda recto: se abraza al diente en forma de C y se sube y baja pegado a esa superficie. Después se repite abrazando el diente de al lado.
Cada espacio son dos superficies
En cada hueco hay dos caras que limpiar, la del diente de la izquierda y la del de la derecha. Bajar una vez y pasar al siguiente hueco deja la mitad del trabajo sin hacer.
Cuándo el hilo no es lo adecuado
Si los espacios son amplios, si tienes encía retraída o si llevas puentes o implantes, los cepillos interproximales limpian bastante mejor. Del tamaño correcto: tiene que entrar con ligera resistencia, no forzando.
Ahí el hilo se queda corto por pura geometría.
El sangrado
Si sangra al principio, en general no es que te estés haciendo daño, es que hay inflamación. Con técnica correcta suele desaparecer en una o dos semanas. Si sigue sangrando después de eso, hay que mirarlo.
Dos minutos bien hechos valen más que cinco a lo loco. Si nunca te han enseñado la técnica en boca, pídelo en la próxima limpieza.
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