Casi ningún paciente ve nunca un laboratorio dental, y es una lástima, porque es donde pasa buena parte de lo que después se ve en su sonrisa.
Lo que hay dentro
Escáneres, software de diseño, fresadoras e impresoras 3D por un lado. Y por otro, mesas de trabajo con pinceles, polvos de cerámica y hornos, que es donde se hace lo que las máquinas no saben hacer.
La combinación no es casual: lo reproducible se automatiza y lo que exige criterio estético se queda en las manos del ceramista.
Por qué importa la cercanía
Cuando el laboratorio está cerca, una prueba que no convence se corrige el mismo día. Cuando está a un continente de distancia, se corrige en el siguiente viaje o no se corrige.
Para pacientes que vienen de fuera con los días contados, esa diferencia es determinante.
Lo que se decide ahí
El grado de translucidez en el borde, la textura de la superficie, las pequeñas asimetrías que hacen que unos dientes parezcan reales. Nada de eso está en el archivo digital: se decide con el pincel delante.
Es la parte del proceso que menos ha cambiado con la tecnología, y probablemente la que menos va a cambiar.
Si tienes ocasión de conocer el laboratorio donde se hace tu trabajo, hazlo. Cambia bastante la idea que uno tiene de lo que está comprando.
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