Casi todo lo que se publica sobre carillas trata de cuándo hacerlas. Esta entrada va de lo contrario, que es una conversación bastante más útil.
Cuando el problema es la posición
Si los dientes están apiñados o hacia afuera, tapar con cerámica obliga a tallar mucho. Mover primero y restaurar después conserva esmalte y da mejor resultado.
Decir que sí a unas carillas en ese contexto es rápido y cómodo, y es la decisión que se lamenta a los diez años.
Cuando la encía no está sana
Sobre encía inflamada los márgenes quedan mal colocados en cuanto el tejido se recupera. Primero se trata, se espera y se reevalúa. No hay atajo.
Lo mismo si hay recesión activa: hay que estabilizarla antes, no restaurar encima de algo que se sigue moviendo.
Cuando hay bruxismo sin controlar
Se pueden hacer, pero no antes de haber diagnosticado la parafunción, ajustado el diseño y prescrito la férula. Sin eso, es cuestión de tiempo.
Un paciente que no va a usar la férula es un paciente al que hay que plantearle otra cosa.
Cuando el diente está sano y no hay indicación
A veces alguien quiere carillas sobre unos dientes perfectamente bien colocados y de buen color, con un blanqueamiento como alternativa razonable.
Ahí la respuesta correcta es explicar qué se pierde. Y si aun así el paciente lo quiere, la decisión es suya, pero informada.
Una consulta que nunca dice que no está tramitando peticiones, no ejerciendo criterio. Merece la pena fijarse en cuál de las dos cosas tienes delante.
Si quieres saber cómo se aplicaría esto a tu sonrisa, agenda una valoración con nosotros.





