La elección entre carilla y corona no responde a una preferencia estética, sino a la cantidad de estructura dentaria remanente y a las fuerzas que ese diente va a recibir.
Criterio de estructura remanente
La carilla cubre la cara visible del diente y requiere un sustrato de esmalte suficiente para garantizar la adhesión. Cuando el diente conserva la mayor parte de su estructura, es la opción indicada.
Cuando existe una restauración amplia previa, un tratamiento de conducto o pérdida significativa de estructura, la carilla carece de soporte adecuado y la corona pasa a ser la indicación correcta.
Criterio funcional
En pacientes con parafunción documentada, las cargas sobre el sector anterior aumentan de forma considerable. La corona distribuye esas fuerzas sobre toda la circunferencia del diente; la carilla las concentra en la interfaz adhesiva.
En estos casos la decisión debe acompañarse siempre de una férula de protección nocturna.
Zona de indicación intermedia
Existen situaciones donde ambas opciones son defendibles. Las restauraciones parciales adheridas, que cubren la cara vestibular y el borde incisal sin circunvalar el diente, permiten resolver muchos de estos casos de forma conservadora.
La regla práctica es sencilla: conservar toda la estructura que pueda conservarse, y no comprometer la longevidad del trabajo por preservar unas décimas que no aportan soporte.
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