En una época en que casi todo se fresa o se imprime, sigue habiendo casos donde la cerámica se construye a mano, capa por capa, con un pincel. Vale la pena explicar por qué.
Qué es exactamente
Polvos cerámicos de distinta opacidad y translucidez que se aplican mojados sobre un modelo refractario, se modelan y se cuecen. Después se añade otra capa, y otra, con varias cocciones.
Cada capa aporta un efecto: la profundidad de la dentina, los mamelones, la translucidez del borde, las pequeñas manchas blancas que tienen los dientes reales.
Su ventaja real
Puede hacerse extraordinariamente fina, hasta dos décimas de milímetro en zonas concretas, más que ningún otro material. Eso significa menos tallado de tu diente.
Y ópticamente sigue siendo lo más parecido al esmalte natural, porque se construye igual que se construye un diente: por capas de distinta densidad.
Cuándo la usamos
Cuando hay que igualar un solo diente al lado de otros naturales, que es el reto más difícil de la estética dental. Y cuando el paciente tiene dientes con mucha caracterización que hay que reproducir.
En la mayoría de los casos, un disilicato bien hecho da un resultado excelente. Esto es para el escalón siguiente.
Es lento, caro y depende por completo de las manos del ceramista. Y sigue sin haber nada que lo supere cuando el caso lo pide.
¿Tienes dudas sobre tu caso? Escríbenos y te contamos con calma qué opciones tienes.





