Cuando hablamos de carillas realmente finas, casi siempre estamos hablando de un material concreto: el disilicato de litio. Y hay una buena razón para eso.
Fino pero resistente
Es una cerámica de vidrio reforzada que aguanta muy bien siendo delgada. Eso importa porque cada décima de milímetro que la carilla necesita de grosor es esmalte tuyo que hay que quitar.
En casos favorables trabajamos con espesores de medio milímetro o menos. A veces incluso sin tallar nada.
Se pega de verdad
Este material se puede grabar con ácido y tratarse para que el cemento se una químicamente a él. No queda apoyado sobre el diente, queda unido al diente.
Por eso una carilla bien pegada se comporta casi como si fuera parte del esmalte, y no como una pieza puesta encima.
Cómo se ve
Deja pasar la luz de una forma parecida al diente natural. Ese es el motivo por el que en la zona de delante, con dientes vecinos naturales al lado, sigue siendo nuestra primera opción en la mayoría de los casos.
No existe el material perfecto para todo, pero para carillas anteriores conservadoras este sigue siendo muy difícil de superar.
¿Tienes dudas sobre tu caso? Escríbenos y te contamos con calma qué opciones tienes.





