Elegir cerámica no es elegir la mejor, es elegir la adecuada para lo que hay debajo. El mismo material puede ser perfecto sobre un diente y un error sobre otro.
El sustrato manda
Sobre un diente vital, sano y de color normal, se puede usar la cerámica más translúcida, porque lo que hay debajo aporta color y vida. Es la situación ideal.
Sobre un muñón oscurecido, un diente endodonciado o un poste metálico, esa misma cerámica deja pasar el gris y el resultado es peor que con un material más opaco.
La trampa de subir opacidad
La solución intuitiva es usar algo más opaco, pero la opacidad tiene un coste: el diente pierde profundidad y se ve plano, como una tecla.
La alternativa es enmascarar en la capa profunda con cementos opacos o con una estratificación específica, y mantener la translucidez en el tercio incisal. Es más trabajo y el resultado es mucho mejor.
Cuando además hay carga
Si el paciente aprieta o el espacio es reducido, hay que subir resistencia, y la más resistente suele ser la menos translúcida. Ahí se negocia entre estética y mecánica caso por caso.
En el sector posterior gana la mecánica casi siempre. En un incisivo central, casi nunca.
Por eso registramos el color del muñón antes de tomar el color del diente. Sin ese dato, el ceramista trabaja a ciegas sobre la mitad del problema.
Si quieres saber cómo se aplicaría esto a tu sonrisa, agenda una valoración con nosotros.





